El dragón

 

El dragón

 

El dragón

Los bestiarios definen el dragón como la más grande de las serpientes y de todos los seres vivos. En la época románica se le representa como una serpiente enorme y terrible: boca abierta y dientes prominentes, tirando aliento de fuego, ojos llameantes, cuernos, patas con garras de león, alas y un cuerpo menudo más de pájaro que de reptil, cubierto de escamas para protegerse, y una cola larga, donde tenía la fuerza.
Este animal fantástico contiene los cuatro elementos de la naturaleza: el fuego por el aliento, el aire por las alas, el agua por las escamas del cuerpo y la tierra por la forma de serpiente.
El dragón vigila los tesoros, los pasos y los lugares sagrados, arrasa tierras y es adversario del héroe, el caballero o el santo. Es el caos de donde nace la vida y se le tiene que matar para que la vida fluya libremente. Hay dos personajes que han luchado contra el dragón. San Miguel, que se enfrenta al demonio, representado habitualmente como un dragón de muchas cabezas, como en Sant Joan de Boí, o sólo con una como las pinturas de Sant Miquel d’Engolasters. En el frontal de los Arcángeles, San Miguel, con escudo y lanza crucífera, lucha con uno de cinco cabezas. La misma escena la puede ver en el báculo de Mondoñedo. El segundo es San Jorge, del que no hay ninguna representación en el arte románico del museo, pero sí en obras de otras épocas.
Otras veces, el dragón lleva una estrella incrustada en la cola, y ataca a un sagitario o a un centauro, que se defiende lanzándole flechas, como se puede ver en las pinturas de Sigena.