Escena de interior

 

Escena de interior

 

Escena de interior

Pero un castigo como los trabajos forzados o incluso como la prisión –mismas privaciones de libertad-, no han funcionado nunca sin cierto suplemento punitivo que afecte realmente al mismo cuerpo: racionamiento alimentario, privación sexual, golpes, celda.

Michel Foucault, Vigilar y Castigar (1976)

 

En su obra Vigilar y Castigar, Foucault señala el cambio que se da en la época moderna de la violencia sobre los cuerpos como la única forma de castigo, a las formas disciplinarias (vigilancias, ejercicios, maniobras, cualificaciones, exámenes, registros) nuevas maneras de someter los cuerpos a partir de coartar sus libertades. El objetivo del castigo ya no sería afectar al cuerpo, sino algo más profundo: afectar el alma, para llegar al corazón a los pensamientos, a la voluntad… Así si analizamos la violencia ejercida contra las mujeres, encontrados los dos tipos que analizaba Foucault. Por un lado veíamos como toda una seria de discursos morales, éticos y estéticos legitiman el sometimiento femenino y, al mismo tiempo, la violencia física sobre sus cuerpos también queda justificada al ser asociada al ámbito privado/efectivo y por tanto exento de juicio o castigo público. Foucault, en la obra citada, va todavía más allá y añade que el objetivo de estos nuevos métodos de control y castigo era precisamente conseguir la auto-vigilancia del reo, el mismo que sucede en el caso de las mujeres cuando ellas mismas autocensuran sus libertades. El que nos representa Rafael Sanchis con su Escena de interior de 1911 no es otra cosa que un acto de violencia de género absolutamente normalizado como una más de las dimensiones de la vida privada, por lo tanto nunca analizada como a problemática social donde se vulneran los derechos humanos como la vida, la dignidad y la integridad de las mujeres.

 

 

Escena de interior, Rafael Sanchis, 1911