• El bestiari

    El bestiario en el románico

    Los animales son uno de los elementos más significativos de la iconografía medieval y lo que simbolizaban la época, uno de los aspectos menos conocidos hoy en día. A partir del siglo XII, los pensadores medievales descubrieron la naturaleza como un camino para alcanzar el conocimiento de todas las verdades y los animales se convirtieron en ejemplos para el comportamiento humano. En la relación entre los humanos y los animales, se añadió una dimensión simbólica en que estos últimos eran metáforas que explicaban verdades religiosas.
    A partir del siglo XIII los bestiarios se popularizan, incluso en los ámbitos cortesanos, y adquieren una tendencia moralizante cada vez más acentuada: ya no cuentan sólo verdades eternas, sino también cómo debe comportarse la gente.

     

    Puede ver el álbum del museo dedicado al bestiario en Pinterest:

     

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  • El buey y la mula

    La mula es un híbrido de caballo y burra o de asno y yegua. Plinio dice que los animales que nacen de dos especies diferentes son de una especie nueva y no procrean. El buey -un toro castrado- es un animal doméstico, vinculado a las labores del campo y al trabajo. Representa la fuerza pesada, lenta y obstinada, pero eficaz.
    Hay una tradición cristiana del siglo IV que representa al buey y a la mula, a menudo de medio cuerpo, junto a José y de María en el nacimiento de Jesús, como en el Frontal de Avià. Por un lado, la mula simbolizaría la capacidad de María de dar a luz siendo virgen y, por otro, el buey, dócil y cariñoso, representaría a San José, piadoso y sumiso que, sin intervenir en la concepción de Cristo, aceptó los designios de Dios.
    Además, como la mula es un animal opuesto al buey, representaría los aspectos benéficos ante los maléficos, las fuerzas del mal vencidas por el Redentor.
    En las salas del museo hay otros ejemplos de estos animales en el nacimiento de Jesús, principalmente en la pintura sobre tabla, como el frontal de Cardet y el de Avià, sin olvidar la escultura en piedra.

  • Anònim. Catalunya. Taller de la Seu d'Urgell del 1200 - Frontal d'altar de Mosoll - Primer terç del segle XIII

    El caballo

    Las religiones antiguas lo consideraban un animal sagrado y la asociaban a las tinieblas y al mundo subterráneo, de donde surge galopante. Es hijo de la noche y del misterio, y portador de la vida y de la muerte. Por un lado era considerado un animal puro e impuro, funerario y vinculado a la muerte; por otro, era augurio de felicidad y podía surgir de las tinieblas y elevarse hacia el cielo como un caballo alado. El caballo viajaba entre el cielo y la tierra y se situaba entre la muerte y la resurrección. Es también clarividente: conoce las cosas del otro mundo, ve lo que el hombre no ve, lo guía de noche y le avisa de los obstáculos.
    Se le presenta como montura de los dioses, el héroe y el caballero, con el que se une para luchar contra el dragón. En el enfrentamiento entre el bien y el mal, el caballo es valorado positivamente ante la bestia que hay que matar. Como montura lo puede ver en el frontal de Chía, montado por San Martín, o en escenas profanas como en un capitel donde es montado por un rey barbudo y su dama.
    Pero la representación más característica es la Epifanía. San Mateo nos cuenta el viaje de los tres Reyes Magos, a caballo, que van a adorar a Jesús. En el frontal de Mosoll, aparecen de perfil, casi iguales pero de color diferente: uno es negro, el otro es blanco con manchas redondas y el tercero vuelve a ser negro.

  • El camello

    Aunque no es uno de los animales más representados en la plástica románica, es uno de los más conocidos durante la Edad Media, porque forma parte de las grandes caravanas de mercaderes que hacían las rutas comerciales más importantes de Asia y África. Podéis ver uno en las pinturas murales de Sant Joan de Boí. Como animal exótico también se le representa en las estancias nobiliarias, sirve de montura en los catares de gesta ya veces se ofrece como regalo imperial.
    Se le considera un animal humilde porque cuando debe ser cargado se agacha en el suelo. Por ello, durante la edad media aparece como atributo de la obediencia y símbolo de la humildad y la sumisión. Si os fijáis, el camello de Boí lleva una cruz pintada en el cuerpo, referencia a Cristo que se somete humildemente a la voluntad del Padre.
    Las pinturas de esta sala son un buen ejemplo de un bestiario medieval. Se puede ver un montón de animales, algunos reales, otros fantásticos, fruto del imaginario de la época: el elefante y el carcoliti, la bestia apocalíptica de siete cabezas, la vipra, el gallo, la pantera..., como también lo es la representación del Arca de Noé en las pinturas de Sigena, al final del recorrido por la sala de arte románico.

  • Mestre de Taüll - Arc de l'Anyell apocalíptic de Sant Climent de Taüll - Cap a 1123

    El cordero

    La oveja que todavía no tiene un año de vida, desde la antigüedad es uno de los animales predilectos para los sacrificios. Por eso la tradición cristiana la ha relacionado con el sacrificio de Cristo, como en las pinturas de Santa Maria de Taüll o en las de Sant Cristòfol de Toses. Desde los primeros tiempos del cristianismo tiene fuerte contenido simbólico: Cristo es el Cordero de Dios y el buen pastor que cuida del rebaño. En la plástica románica los podéis ver en cruces, como la de Bagergue, o en pinturas murales.
    Una de las imágenes más impactantes es el cordero de la clave de bóveda de uno de los arcos preabsidal de la iglesia de Sant Climent de Taüll. Esta representación del animal con siete ojos que lleva el libro de los siete sellos corresponde a una imagen de la manifestación de Dios descrita en el Apocalipsis. Es una de las más populares de la pintura románica y responde a la consideración de Cristo como verdadero cordero pascual inmolado para la salvación de la humanidad.

  • El dragón

    Los bestiarios definen el dragón como la más grande de las serpientes y de todos los seres vivos. En la época románica se le representa como una serpiente enorme y terrible: boca abierta y dientes prominentes, tirando aliento de fuego, ojos llameantes, cuernos, patas con garras de león, alas y un cuerpo menudo más de pájaro que de reptil, cubierto de escamas para protegerse, y una cola larga, donde tenía la fuerza.
    Este animal fantástico contiene los cuatro elementos de la naturaleza: el fuego por el aliento, el aire por las alas, el agua por las escamas del cuerpo y la tierra por la forma de serpiente.
    El dragón vigila los tesoros, los pasos y los lugares sagrados, arrasa tierras y es adversario del héroe, el caballero o el santo. Es el caos de donde nace la vida y se le tiene que matar para que la vida fluya libremente. Hay dos personajes que han luchado contra el dragón. San Miguel, que se enfrenta al demonio, representado habitualmente como un dragón de muchas cabezas, como en Sant Joan de Boí, o sólo con una como las pinturas de Sant Miquel d’Engolasters. En el frontal de los Arcángeles, San Miguel, con escudo y lanza crucífera, lucha con uno de cinco cabezas. La misma escena la puede ver en el báculo de Mondoñedo. El segundo es San Jorge, del que no hay ninguna representación en el arte románico del museo, pero sí en obras de otras épocas.
    Otras veces, el dragón lleva una estrella incrustada en la cola, y ataca a un sagitario o a un centauro, que se defiende lanzándole flechas, como se puede ver en las pinturas de Sigena.

  • El elefante

    Aunque no sabemos si los artistas del románico habían visto nunca un elefante, este animal es uno de los más representados en la época. Como bestia exótica, al igual que el camello, también era objeto de regalos entre la realeza y se representaba de formas a veces incluso divertidas. Por ejemplo, la trompa del elefante del Baldaquino de Toses parece más bien una trompeta.
    Simboliza la castidad y el bautismo, asociado a las características de su vida sexual que los bestiarios medievales habían dado a conocer.
    Por la fuerza y vigor participaba en la maquinaria de guerra de los ejércitos antiguos. Por eso en las pinturas de Sorpe, así como en el Baldaquino de Toses, aparece llevando una torre en la espalda. Esta imagen también simboliza la fortaleza y la castidad que necesita la Iglesia para resistir las tentaciones del diablo.
    En Sorpe se ha conservado también parte de la representación de un zodiaco: un cangrejo y un sagitario o centauro, y una bonita paloma que simboliza el Espíritu Santo.

  • El grifo

    Es un ser híbrido incluido en los bestiarios de animales fantásticos y uno de los más representados en la edad media. Se le describe con cabeza de águila, y cuerpo, patas y garras de león. Es un animal fuerte que con las garras puede levantar al vuelo un hombre armado y hasta un caballo o un buey.
    El grifo protege tesoros, especialmente de oro y piedras preciosas, entre las que el ágata es de las más apreciadas por el animal, que a menudo guarda en el nido. Es en este sentido que podemos entender la representación del grifo de San Pedro de Arlanza, situado originariamente a ambos lados de una de las ventanas de la sala palatina protegiendo la estancia real. En las pinturas de Sigena, junto al sacrificio de Isaac, un grifo lucha contra un dragón alado, en el eterno combate entre el bien y el mal.
    Además, en su connotación negativa también puede simbolizar el diablo que lleva el alma de los pecadores al infierno.

  • Anònim. Catalunya. Taller de la Seu d'Urgell del 1200 - Baldaquí de Tost - Cap a 1220

    El león, el toro, el águila y el ángel: el Tetramorfo

    La palabra 'tetramorfo' etimológicamente indica una representación de cuatro elementos. En la tradición cristiana, el profeta Ezequiel describe cuatro criaturas con cara humana y apariencia animal. Ya en la edad media, se asocian a los cuatro evangelistas, representados alrededor de Cristo. En las salas de arte románico destacan algunos ejemplos, tanto en pintura mural (el de Sant Climent de Taüll), como en pintura sobre tabla, como el del Baldaquí de Tost.
    El león representa a Marcos porque su Evangelio comienza hablando de San Juan Bautista, que clama en el desierto. Su voz es como la del león, un animal fuerte y noble, como lo será Jesús.
    El toro es Lucas porque empieza hablando del sacrificio de Zacarías a Dios y el toro es el símbolo del sacrificio, el deseo de una vida espiritual que permite al hombre triunfar por encima de las pasiones animales y obtener la paz.
    El águila simboliza a Juan porque esta ave se considerada un animal sabio y clarividente, que cuando vuela mira directamente al sol, y el Evangelio de Juan es más abstracto y teológico que los demás.
    Finalmente, el ángel es Mateo, porque es el único que habla de la genealogía de Cristo, el Hijo del Hombre, y además representa el amor divino, enviado por los ángeles (mensajeros de Cristo) a los humanos.

  • La paloma

    La paloma es honesta porque se mantiene fiel a su pareja incluso después de la muerte. Simboliza la fidelidad y el matrimonio y, al mismo tiempo, como todos los animales alados, la espiritualidad, la sublimación de los instintos, la elevación, la trascendencia y el desprendimiento de la tierra.
    Es uno de los símbolos más utilizados por la Iglesia para plasmar el Espíritu Santo (en las pinturas de Sorpe y en las Estaon), Jesucristo, la Iglesia, los fieles y el alma de los inocentes. También será uno de los emblemas de la Virgen. Como imagen de pureza aparece en escenas como la presentación de Jesús en el templo o en la ofrenda de San José de cuatro palomas blancas en el templo que aparece en el frontal de Mosoll.
    La Paloma Eucarística que se puede ver es un vaso litúrgico que servía para guardar las hostias consagradas y, entre las misas, se colgaba sobre el altar con un sistema de cadenas. Está construido con láminas de cobre y el cuerpo dorado está cincelado con un tema que quiere reproducir las plumas cortas. Las alas y la cola están esmaltadas en azul, verde, rojo y amarillo. La paloma se afirma así como símbolo litúrgico que representa el Cristo que se reencarna misteriosamente en la Eucaristía.
    Otras veces, como al hacerse mayor lucha y expulsa al padre del nido para aparearse con la madre, representa también la lujuria y por eso en algunos manuscritos medievales aparece en la mano de una mujer, que encarna la lujuria.

  • La serpiente

    En la iconografía cristiana es uno de los animales simbólicos más importantes y más complejos. El Génesis dice que la serpiente es el más astuto de los animales salvajes que Dios hizo y que tentó a Adán y Eva en el episodio del pecado original. Se convierte entonces en el símbolo del demonio, el enemigo de Dios, y aparece enroscada en el Árbol de la Vida, en forma de espiral ascendente, que se interpreta como la rebelión contra Dios. En el pilar de Camarasa y en las pinturas de Sigena podéis ver la representación del pecado original, con Adán y Eva a ambos lados del Árbol de la Vida y la serpiente enroscada en el tronco. Decían que huía del hombre desnudo, sólo le atacaba si iba vestido. Por eso, mientras Adán iba desnudo por el Paraíso la serpiente no se atrevía atacarlo, porque estaba limpio de pecado, pero cuando se vistió de mortalidad y se cubrió de vicios, se le lanzó.
    A pesar de su simbolismo maléfico y negativo (protagonista del pecado original, representación el demonio y figuración del infierno y personificación del mal en el Juicio Final), a veces se hace referencia a Cristo y adquiere un sentido más positivo.