El artista y poeta Perejaume (Sant Pol de Mar, 1957) trabaja en el Museu Nacional d’Art de Catalunya en la primera gran exposición dedicada a Josep Maria Jujol desde la donación de todo el fondo documental del arquitecto que la familia ha realizado al COAC y al MNAC.
El Museo organiza esta exposición en el marco de la Capitalidad Mundial de la Arquitectura, que Barcelona celebrará en el año 2026.
Josep Maria Jujol (Tarragona 1879-Barcelona 1949), a quien el MNAC dedica un espacio propio en la colección permanente desde 2014, es una de las figuras más brillantes y originales de la arquitectura de principios del siglo XX. Arquitecto, artista y artesano a partes iguales, en las últimas décadas la seducción de su obra no ha dejado de incrementarse.
Además de las obras de Jujol procedentes de su legado —conformado por más de 10.000 papeles, objetos y mobiliario— y de otras numerosas colecciones públicas y privadas, la muestra presentará un conjunto de obras de arquitectos como Antoni Gaudí o Bruno Taut, y de artistas como Vladímir Tatlin o Henri Matisse.
Esta exposición se inscribe en la línea de otro proyecto artístico de Perejaume en el Museu Nacional, Mareperlers i ovaladors. Maniobra de Perejaume, de 2014. Pinturas, dibujos, esculturas, instalaciones, fotografías, vídeos y libros no agotan la lista de medios y recursos que este artista utiliza en sus proyectos desde finales de los años setenta. El conjunto articula un sistema artístico de honda contundencia crítica con las formas de vida globalizada. Su manera de entender el arte se halla ligada a formas de vida fuertemente vinculadas al mundo campesino. Con su hacer, Perejaume promueve un espacio común donde lo humano y lo que no lo es se encuentran gracias a una escritura poco convencional, todo ello con una ironía luminosa.
Jujol en palabras de Perejaume
«Ya hace una cincuentena de años que Josep Maria Jujol es un arquitecto de culto. La escala más bien pequeña y la naturaleza múltiple y dispersa de sus intervenciones han mantenido su obra en un estado de descubrimiento continuo. A día de hoy, más allá de la colaboración con Antoni Gaudí, fundamental para ambos arquitectos, las creaciones de Jujol constituyen una aventura lírica de las más singulares de la arquitectura europea del primer cuarto del siglo XX.
Ante cualquiera que se le acerque toma forma un hecho: potente y delicada a la vez, a la obra de este arquitecto le gusta ser percibida y discreta a partes iguales. Por eso, cautelosos ante una propuesta de exposición, querríamos saber exponerla y ocultarla como se merece. No es fácil saber exponer y saber no exponer demasiado, pero una obra tan ligada al ideal de discreción y sorpresa como es el caso lo requiere. Lo requiere, aún con más fuerza, en el momento presente, ya que, por la propia naturaleza frágil, esparcida y vulnerable de las creaciones, el conjunto de la obra resiste mal el embate de un público masivo como el que ha empezado a recibir. En este contexto, ciertos discursos reivindicativos que victimizan al arquitecto, en realidad no hacen más que espolear la fatuidad mediática y malograr esa sabiduría tan jujoliana de saberse poner al margen.
¿Cómo exponer y no exponer demasiado? El hecho de que el maniobrero de la exposición sea otro artista quizá pueda contribuir a ofrecer a la obra de Jujol un cuerpo de protección. Al menos eso es lo que pretendemos. También creemos que puede contribuir la apertura de la obra del arquitecto hacia otros mundos y otros nombres que la entrecrucen: la cultura popular, el barroco, Picasso, Miró, Matisse…
Esta es la idea que tenemos: celebrar la cualidad fértil, imaginativa y festiva de un creador excepcional procurando preservar la fuerza tan genuina que aún guardan algunas de sus construcciones, de sus dibujos, de sus muebles, de sus hierros, de sus esgrafiados. La pregunta, sin embargo, sigue interpelándonos: ¿cómo exponer a Jujol? ¿Cómo evitar exponerlo demasiado? ¿Cómo dar los materiales a lucir sin robarles ni un ápice de fuerza?
En otro orden de cosas, querríamos subrayar la voluntad piadosa que se trasluce en cualquiera de los edificios jujolianos más allá de los explícitamente litúrgicos. La poética de Jujol se despliega tensionada en un estímulo radical entre la osadía y el fervor, entre la modernidad y la resistencia y, sobre todo en las creaciones iniciales, vanguardia y religiosidad mantienen entre sí una complicidad absoluta.
Una última cuestión. En las últimas décadas ha habido diversas muestras de la obra de Jujol. Esta cuenta con el gozo de tener al alcance por primera vez todo el fondo documental completo del arquitecto. Más de 10.000 papeles, objetos y mobiliario que la familia ha dado recientemente al Colegio de Arquitectos de Cataluña y al Museu Nacional d’Art de Catalunya. Será un privilegio iniciar, con la ayuda de todo el equipo vinculado a la exposición, una lectura de estos materiales.»
El Maniobrero
17-03-2025