• Casa Amatller

    El piso principal de la Casa Amatller, en passeig de Gràcia 41, fue decorado por Puig i Cadafalch, encargado de transformar todo el viejo edificio que había comprado el industrial chocolatero Antoni Amatller i Costa, entre 1898 y 1900. El arquitecto y decorador también se encarga de las luces y el mobiliario, entre los cuales el banco, la luz del techo, el perchero y los pedestales construidos para acoger la preciada colección de vidrios del propietario, explotan al máximo el potencial de las artes decorativas.

    En el mobiliario destacan los laboriosos procedimientos de la talla, con motivos trebolados y los calados característicos de la ornamentación, que recrean el arte gótico. Todo el edificio es un ejemplo de cómo se fijan en la tradición las formas del modernismo. La forma exterior también es una lectura personal del gótico y de los palacios de los Países Bajos. Además, en el vestíbulo de la Casa Amatller encontramos una decoración que recuerda a los estilos plateresco y mudéjar, con lámparas y vidrieras.

    Esta unidad entre interior y exterior muestra uno de los puntos fuertes de toda la decoración modernista: la compenetración entre decoración y arquitectura, que crea una sensación de entorno unificado. 

     

    Interior Casa Amatller

     

     

    Lámpara de techo con decoración floral

     

     

     

     

  • Casa Batlló

    También llamada Casa de los Huesos o de los Bostezos, en el passeig de Gràcia 43, tiene una amplia representación en el museo, donde se conservan puertas y muebles originales realizados por los talleres de ebanistería Casas i Bardés, siguiendo las directrices de Antoni Gaudí. Las formas ondulantes, sinuosas y biomórficas de esta decoración ya forman parte del arte contemporáneo.

    Josep Batlló, propietario del edificio, pidió a Antoni Gaudí que reformase un inmueble ya existente. Gaudí construyó un piso principal con acceso independiente, rehizo la escalera y el patio interior, el cual recubrió de azulejos blancos y azules, además de superponer a la antigua fachada una nueva con trencadís o fragmentos de vidrio de colores. Asimismo colocó nuevas barandillas en los balcones, una tribuna en el piso principal y coronó la casa con una doble cubierta. Todo unido hace que el edificio se vea como una obra gaudiniana.

    En el mobiliario, Gaudí optó por líneas esenciales y desprovistas de elementos superfluos, basándose en materiales como la madera, con sus vetas naturales ricas en texturas. La Silla y el Confidente, con las formas redondeadas que se ajustan a la forma del cuerpo humano, reúnen todos estos atributos en un ejemplo de la capacidad inventiva del arquitecto. Las puertas también son un buen ejemplo, ricamente talladas con espirales, rugosidades y trencadís

     

    Casa Batlló

     

    Confidente

    Esta obra está seleccionada para el proyecto «Partage Plus – Digitising and Enabling Art Nouveau for Europeana»

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  • Casa Lleó Morera

    Casa Lleó Morera

    La casa Lleó Morera, en passeig de Gràcia 35, tenía en el piso principal uno de los conjuntos de decoración interior más destacados y mejor conservados del modernismo. Fue proyectada en 1905 por Domènech i Montaner, quien encarga al ebanista Gaspar Homar la decoración del piso destinado a los propietarios del inmueble.

    Homar crea elementos como lámparas y aparatos de iluminación, cortinajes, tapicerías y un largo etcétera. Además del imprescindible mobiliario, donde destacan los trabajos de marquetería de los paneles centrales, con diseños del dibujante y pintor Josep Pey (en catalán), quien sigue una temática simbolista muy del gusto de la época.

    Uno de los triunfos de Homar es actualizar las tipologías del mueble, como el sofá-escaño, de gusto medieval, o las arquillas sobre pie de puente a las que se aplican ornamentos que las convierten en muebles genuinos e impecables. Esta recuperación del pasado también está presente en las once sobrepuertas del piso, hechas por el escultor Eusebi Arnau, donde se encuentran temas iconográficos de canciones de cuna tradicionales. El edificio contaba en el entresuelo con dos amplias tribunas también decoradas por Arnau, con figuras femeninas de inspiración prerrafaelista.

     

    Casa Lleó Morera

     

    Sofá con vitrinas laterales y plafón de marquetería
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  • Itinerario arquitectónico

    Para acabar de completar la visita os proponemos un itinerario por la Barcelona modernista. Con esta ruta podréis conocer a fondo grandes obras arquitectónicas como la Casa Lleó Morera de Lluís Domènech i Muntaner, la Casa Batlló de Antoni Gaudí, la Casa Ametller de Josep Puig i Cadafalch o el restaurante de Els Quatre Gats, un local de referencia para intelectuales y artistas de la época.

  • Museu Nacional Art Catalunya | Sant Jordi

    La joyería

    Considerada por la burguesía de Barcelona como uno de los signos más evidentes del poder económico, pintores y escultores se introducen en el mundo de la joya para tratarla como una obra de arte. El joyero Lluís Masriera, también pintor, es el artista esencial del periodo.

    A inicios del siglo XX, Masriera asume la dirección artística de su taller familiar, se familiariza con los secretos del esmalte e incorpora los elementos propios del Art Nouveau: flores, aves, libélulas, influencias del japonismo, ninfas y también la figura de Sant Jordi, patrón de Cataluña. Respecto a los materiales, Masriera utiliza una base de oro que realza los colores de las piedras preciosas, como rubíes, zafiros y diamantes. Son característicos sus esmaltes translúcidos con finísimos relieves.

    Las joyas modernistas presentan las características habituales de este movimiento: libertad de composición, línea curva, policromía y protagonismo de la flora, fauna y la figura femenina. En los talleres Masriera el proceso de elaboración de las joyas –muchas de las cuales eran articuladas y se adaptaban al cuerpo de quien las lucía­– combinaba los procedimientos artesanales con un grado de mecanización en el proceso creativo, repitiendo modelos, para llegar a las diferentes capas sociales.

     

    Colgante: San Jorge
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  • Museu Nacional Art Catalunya | Els interiors modernistes a Barcelona

    Los interiores modernistas en Barcelona

    El modernismo es, en el contexto artístico catalán, el movimiento que en Francia se conoce como Art Nouveau, en Alemania como Jugendstil y en Austria como Sezession. Pese a la popularidad de la pintura, la arquitectura y la escultura, en Cataluña el modernismo destaca especialmente por las artes decorativas, en la superación de la distinción entre arte y artesanía. Aunque los creadores catalanes asimilan con naturalidad la influencia de todo lo que se hace en Europa, gracias a viajes, ferias y exposiciones internacionales, y publicaciones sobre decoración y arquitectura, el modernismo arraiga con personalidad propia y con sus propios acentos.  

    La ingente actividad constructiva de Barcelona después de la Exposición Internacional de 1888 da paso a una época dorada de arquitectos, que se revelan como creadores multidisciplinares y se rodean de artistas y artesanos: vidrieros, carpinteros, mosaicistas, etc. El arquitecto ya no solo proyecta un edificio o diseña los muebles, sino también la vajilla y la cubertería. Bajo la impronta modernista, los diseños, con frecuencia inspirados en los modelos que le proporciona la naturaleza, mina inagotable de recursos estéticos, invaden todos los espacios de la vida cuotidiana. 

     

    Salón del piso principal de la casa Lleó Morera
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    Hemos renovado la presentación de la Colección de Arte Moderno.

     

  • Tàndem

    Ocio y vida social

    El ocio y la vida social son dos de los ámbitos más cuidados por la burguesía de Barcelona. Los cafés y otros locales, que emulan a los salones franceses más prestigiosos, se convierten en núcleos de gran importancia para el desarrollo de un arte que, en parte, responde a estas necesidades.

    Passeig de Gràcia vivió su momento de mayor esplendor durante el periodo modernista y allí surgieron cafés y teatros, y la alta burguesía lo convirtió en su boulevard cosmopolita.  La Maison Dorée, el Cafè de la Lluna y el Cafè Torino, son buenos ejemplos de ello.

    Algunos de estos locales también son una referencia para los intelectuales y artistas, como Els Quatre Gats, del cual el propio Picasso diseñó el menú. En su decoración se mezclan elementos neogóticos con otros populares, como platos, azulejos y jarras de cerámica. La numerosa cantidad de pinturas que decoraban el local, entre ellas el Tàndem de Ramon Casas, reafirmaban la imagen del establecimiento como icono capaz de resumir todo el modernismo.

    A los pocos años, al acabar la primera década del siglo xx, este marco cambia radicalmente y el modernismo recibe críticas encarnizadas en nombre del retorno al buen gusto y del buen nombre de la ciudad. Las casas se redecoraron y los objetos considerados suntuosos se arrinconaron. Incluso surgieron voces que pedían el derrumbamiento de estas construcciones que hasta el momento habían sido el símbolo de una burguesía pudiente. Se acababa una época y empezaba otra.

     

     

    Ramon Casas y Pere Romeu en un tándem
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  • Una nueva industria

    Las exposiciones de industrias artísticas que se organizan periódicamente desde finales del siglo XIX estimulan las relaciones entre arte e industria. A raíz de la Exposición Nacional de Industrias Artísticas de 1892, se crea el Centro de Artes Decorativas, a semejanza de la Union Centrale des Arts Décoratifs de París Esta entidad, embrión del futuro Fomento de las Artes Decorativas (FAD), la integran una buena nómina de artistas que serán figuras clave del modernismo. También son importantes los talleres de industrias artísticas liderados por el mueblista Francesc Vidal, donde se formarán artistas de diferentes ramas de las artes decorativas.

    La importancia de esta cultura de talleres se pone de manifiesto con iniciativas como la del Castillo de los Tres Dragones, en la Cuitadella, montado por los arquitectos Domènech i Montaner y Antoni M. Gallissà en el restaurante de la Exposición Internacional de 1888: se experimentan y se perfeccionan los oficios tradicionales como la cerámica, la forja o las vidrieras. Otras grandes exposiciones, como la Universal de París de 1900 o las exposiciones internacionales de bellas artes, son motores que impulsan y fomentan esta actividad, sin olvidar la actividad que generan los talleres de artistas. 

     

    Biombo
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  • La vivienda modernista

    Alguno de los hogares burgueses de Barcelona constituye el marco de la producción de los mejores artistas de la época. En él, a lo largo del día, se celebran desde reuniones de negocios hasta visitas familiares. Es el escaparate social perfecto. Esto implica un cierto lujo exhibicionista en determinados espacios interiores. Una gran vivienda llena de cuadros, esculturas, porcelanas, alfombras, cortinajes y otros ornamentos. La correspondiente labor de mantenimiento se convierte en un imprescindible entre las tareas domésticas.

    La atmósfera de la vida doméstica burguesa no se entiende sin el nuevo culto al objeto, al cual los artistas modernistas incorporan el nuevo gusto sobre la base de la recuperación de las artesanías tradicionales. Así aprovechan la gran popularidad de estos complementos, desde una joya a pequeños objetos decorativos, que evocan el ambiente sensual de final de siglo.

    Un escenario privilegiado de la arquitectura y el interior modernista es el passeig de Gràcia, donde se asientan las familias más acaudaladas de la ciudad. Cabe destacar la conocida “Manzana de la Discordia”, que reúne la Casa Lleó Morera, la Casa Batlló y la Casa Amatller, y que nos presenta, respectivamente, a los arquitectos Lluís Domènech i Montaner, Antoni Gaudí y Josep Puig i Cadafalch. 

     

     

    Puerta vidriera de cuatro batientes

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    Material relacionado: artículo sobre arquitectura modernista en las postales de la Biblioteca