Tiempo muerto
Tiempo muerto
¿Y si el tempo se hubiera acelerado artificialmente hasta desvirtuar por completo las intenciones de los compositores clásicos? ¿Y si eso hubiera servido para robarnos lo que era nuestro y hacernos pagar por escuchar a virtuosos que tocan como metralletas? ¿Qué tal nos sentaría revertir todo esto ahora que la aceleración de la vida solo nos provoca ansiedad?
El tempo de la interpretación musical se aceleró durante el siglo XIX de tal manera que quedó fuera del alcance de los intérpretes amateurs (destinatarios de gran parte de las composiciones de la época), tergiversando así las intenciones de muchos compositores. Así parecen demostrarlo recientes investigaciones sobre la mala interpretación actual de las indicaciones metronómicas de las partituras que nos dejaron los compositores del siglo XIX, quienes, según los defensores de la teoría del double beat, pretendían indicar un tempo a la mitad de rápido de lo que hoy creemos correcto. La mitad de rápido es un cambio enorme que lo altera todo, no solo la interpretación y la experiencia del oyente, sino también la manera de relacionarse con la música, desde entonces en manos de virtuosos profesionales y de quienes comercian con el arte, como primer paso hacia la creación de una industria fuera del control del ámbito doméstico, a la que el público solo es invitado de manera pasiva.
No solo se aceleró la música, por supuesto; el ritmo de la vida también se aceleró progresivamente hasta llegar al punto en el que nos encontramos hoy, viviendo vidas a una velocidad difícil de soportar para la mayoría de las personas. Solo un vampiro, por su longevidad, podría tener la suficiente perspectiva para explicarnos qué pasó realmente, qué nos ha sucedido para acabar viviendo la vida con esta prisa actual. A partir de su extensa colección de arte del siglo XIX y de su fortepiano de la misma época, tal vez él podría darnos las claves para entender y, quién sabe, para revertir esta situación.
Rubén Ramos Nogueira es músico, escritor y performer. Ha desarrollado su actividad artística principalmente en el terreno de las artes en vivo con piezas que abordan la relación entre música y vida, como la trilogía Amateur, Patada a seguir o Can 60. Actualmente trabaja en recuperar la idea de salón amateur del siglo XIX para trasladarla a domicilios particulares del siglo XXI con el proyecto Fanny (por Fanny Mendelssohn), junto con Núria Lloansi, Pierre Peres y otros artistas invitados como Juan Loriente o Gema Ramos. Ha publicado dos libros de ficción, Punk cursi y Master, y es uno de los fundadores de Teatron, revista digital especializada en artes en vivo.
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