Esta pareja de animales con cuerpo de ave, patas de cabra y cabeza humana, formaba parte del friso decorativo que rodeaba la sala del monasterio de Arlanza, de donde también proviene el grifo que conserva el museo. Son sirenas pájaro, imágenes guardianas y protectoras que derivan de la Antigüedad clásica. A pesar de su aspecto afable, remiten a las tentaciones de los sentidos, al engaño y a los peligros de los vicios y la falsedad. La vistosidad de su aspecto las hizo muy decorativas y con frecuencia se encuentran representadas en el rico panorama artístico burgalés de los inicios del siglo XIII.Otros fragmentos del mismo conjunto se localizan en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York y en el Fogg Art Museum de la Universidad de Cambridge, ambos en Estados Unidos.
La mayor parte de la pintura mural románica conservada es de temática religiosa, pero también podemos encontrar decoraciones de carácter cortesano o profano en grandes centros monásticos, como es el caso de San Pedro de Arlanza, en Castilla. Este fragmento proviene de una sala de carácter palatino de la llamada Torre del Tesoro, sobre la sala capitular, donde había representaciones zoomórficas inspiradas en el bestiario. Hoy vemos en estas pinturas un grifo, ser fantástico con cuerpo de león y torso de águila, en una actitud vigilante. El estilo de las pinturas de Arlanza se relaciona con otras obras hispánicas del 1200 de clara influencia de la miniatura inglesa, lo cual puede apreciarse en el refinamiento y la precisión de los motivos, combinado con su monumentalidad.