Heracles y Deianira

 

Heracles y Deianira

 

Heracles y Deianira

 (…) Tal vez no se trate de que el amor en sí mismo sea malo, sino de la manera en que se empleó para engatusar a las mujeres y hacerlas dependientes, en todos los sentidos. Entre seres libres, el amor, es otra cosa

Kate Millet

 

Hemos de reflexionar aquí que la objetualización del cuerpo de la mujer a través de la historia del arte va de la mano con la normalización y la naturalización de la violencia sobre ella y su cuerpo. Así desde las escenas míticas de raptos y violaciones de mujeres, que forman parte del imaginario de las sociedades históricas y que podemos reseguir a través del arte desde Egipto, hasta a prácticamente la actualidad, con la publicidad de hoy en día, nos encontramos como la idea de la mujer-objeto forma parte de nuestra cultura visual, como también lo hace la violencia sobre sus cuerpos. La sociedad patriarcal usa el anhelo romántico para exaltar la pasión y el sentimiento como a ejemplos de vida intensa y sentida recuperando la figura de los héroes clásicos y medievales.  Este amor romántico o exaltación del afecto no significó lo mismo para hombres y mujeres, ya que estas últimas se convirtieron en objeto de deseo ideal y motivo de amores apasionantes e irracionales, a menudo imposibles, incluso violentes, mientras que el hombre se convertía en el sujeto de la relación. También se volvieron en la razón del tormento masculino, seres tan atractivos que hacían enloquecer a todo hombre, y tan ideales que su existencia real suponía la eterna frustración masculina. Nuestra cultura amorosa es heredera directa de la ola romántica del siglo XIX, época en la cual los hombres eran ciudadanos de pleno derecho y las mujeres simples objetos de deseo.

 

Heracles y Deianira, Gerald Edward Moira, 1893